El juego siempre fue una forma de acercarme a las personas y conocerlas mejor, desde muy pequeña. Sin embargo, no imaginaba el impacto que podía tener crear un espacio donde cualquier persona fuera bienvenida, sin importar su historia, sus diferencias o su condición.
Creando comunidad descubrí algo que me marcó para siempre. Muchas de las personas que llegaban no siempre encontraban un lugar donde se sintieran aceptadas; no encajaban en otros espacios. ¡Pero alrededor de una mesa de juego eso cambiaba! Personas completamente distintas, iniciaron a conversar, reír, compartir y construir amistades que nunca imaginaron posibles.
Con el tiempo me contaban que ya no solo se encontraban para jugar allí. Empezaron a reunirse en las casas de unos y otros, ¡así es! surgieron nuevas amistades e incluso algunas relaciones de pareja nacieron en ese espacio. Sin darme cuenta construíamos comunidad, dejando una huella positiva.
Hoy, miro hacia atrás y cuando encuentro a muchas de esas personas, siento un enorme cariño por todo lo que construimos juntos en Tunja. Y ahora, desde Bogotá, aunque en una escala mucho más grande, seguimos conectando personas a través del juego. Siguen naciendo amistades, historias y ya no siento más que seamos solo una comunidad, somos una tribu de amantes de esas experiencias que suceden través del juego.
Es profundamente gratificante y conmovedor descubrir que el juego construye sociedad. Porque cuando jugamos: aprendemos a colaborar, comunicarnos, a que no siempre se gana, a respetar las reglas, a resolver desafíos y a celebrar juntos. Los juegos crean confianza, fortalecen los lazos y transforman grupos de personas en verdaderas comunidades, somos una conciencia colectiva de personas, puede que no pensemos igual, o nos guste el mismo juego, pero si tenemos que unirnos por una causa lo hacemos.
Artículo escrito para la revista, MESA ABIERTA, que puedes leer en su primera edición siguiendo el link https://heyzine.com/flip-book/7db921d5af.html

